lunes, 10 de junio de 2013

De mi viaje a Cuba y los valientes que no se creen tal cosa

Dedicado a Juanito

I. Hay países bombardeados por misiles de guerra, pero mi país es un país bombardeado por misiles de miseria...Esa fue la impresión que me llevé de Cuba después de 9 años de no ir.
Se me había olvidado todo, y nada más llegar al aeropuerto José Martí se empezó a refrescar mi memoria: un baño sin papel sanitario...
Mariela por favor pásale papel a la pasajera, dijo una oficial de Inmigración.
Después mi familia esperándome afuera, los reencuentros... :-)
... y salir al día siguiente a la calle y gastarme 50 euros y que lo que compré no me alcanzó ni para el principio de la fiesta con la que quería agasajar a la familia.

II. Mi abuelo diciéndome que lo que más tenía ganas era de comer garbanzos, de aquellos que costaban sólo 19 centavos la libra antes de la debacle (leáse año 59) y que ahora no encuentras ni en los centros espirituales...

Por esos días había que rezar un oráculo al Dios de las Papas y al de los Garbanzos en Cuba para encontrarlos, y al de esto, y al de aquello...Yo creo que debe haber un Panteón Alimenticio en el cielo al que los cubanos le rezan.

Pero la miseria que viven los cubanos no es folklore, no es burla: es penosa y duele adentro...sobretodo para los que allí dejamos parte de nuestras vidas y nos largamos buscando una válvula de escape.
La mezcla de cobardía y resignación que me embarga cuando escribo es confusa, por eso termino esta entrada honrando a los valientes (aunque ellos no se crean tal): a los que salieron y volvieron, a los que siguen desde allí...Con los que me reí recordando aquella célebre frase de Lenin en la Plaza Roja:
A mí, la pinga!


No hay comentarios: